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martes, 15 de marzo de 2016

UN FRAGMENTO A OLVIDAR DE MI VIDA. III

   Puedo seguir contando penurias y calamidades de este lugar dónde me encontraba pero sería innecesario hacer leña del árbol caído. Así que voy a centrarme en lo que realmente me ha motivado para escribir estos fragmentos de mi vida.
   Por una parte presenciar una reunión evangelista en un centro de desintoxicación. Desconozco si en la vida ordinaria estas prácticas se hacen de la misma manera pero lo que yo allí vi impresiona.
  Un círculo de unas cincuenta personas, sentadas en sillas, pegando voces y aclamando a Cristo para que les perdonase sus pecados. Pegándose golpes en el pecho. Entrecruzándose gritos de unos y otros.
   En definitiva, un conjunto de voces, golpes en el pecho biblia en mano, de arrepentimiento de vidas pasadas, de haber quién era el más culpable o de quien demostraba de la manera más exaltada su adoctrinamiento y su fe. Una verdadera locura.
   Yo nunca he sido de sentir un pensamiento único cómo guía de mis pasos. Allí lo que había era adepto. El pensamiento tiene que ser libre y, en aquel lugar, estaba coaccionado.
   Esto lo podría haber contado de otra forma, una quizás más literaria, pero lo que aquí quiero reflejar es el acto. No quiero escribir mi mejor párrafo. Quiero reflejar mi visión personal de unos hechos que puede estar subjetivado pero que son los que yo me lleve de allí.
   Al día siguiente decidí abandonar mientras estaba seleccionado papas viejas en buen estado de las que estaban podridas.
   Los trámites de abandono son los mismos que en cualquier otro centro. Se lo comunicas a tu sombra, este al segundo y el segundo al director.
   Todos intentaban convencerme de que allí no estaba tan mal y que Dios se había cruzado en mí camino y que era este el que me guiaría para dejar de beber.
   Por supuesto, no deje que me convencieran. Eran adoctrinados enunciando discursos aprendidos de anteriores abandonos o, puede, que de abandonos propios rectificados antes de lo que ellos consideraban el desamparo de Dios.
   Me ayudaron ha hacer las maletas y u responsable me dijo que había llevado mucha ropa para quedarme tan solo una semana. Iba con una bolsa de basura de contenedor llena de ropa y con un macuto aparte. Me dieron cuatro euros. Dos y medio para el tren de cercanías hasta  Atocha y uno para llamar a mi familia. Me dejaron en la estación. Desamparado.  
   Lo primero que hice cundo llegue a la estación de cercanías fue pedir un cigarro. Llevaba una semana sin fumar y necesitaba al menos uno. Luego saque el billete y dirigí mis paso hacia Atocha, sin ningún plan.
   Estaba en una ciudad que no conocía a nadie, sin un duro y sin la posibilidad de volver a Sevilla. El trayecto de cercanías a Atocha fue funesto.
  En la estación de Atocha, al lado de una papelera, deje el saco de ropa. Era imposible moverse libremente con ese trasto a cuestas.
  Llame a mi hermana pero con un euro apenas pude decirle que me había salido del centro. No tuve tiempo para más. La providencia me abandonó. Al menos, eso era lo que aparentaba pero me sucedieron cosas increíbles, todas nacidas de la buena voluntad de las personas, de la solidaridad y de la empatía, y por supuesto, por llegar a dar con personas que ven más allá de su deber y actúan  de facto. Independientemente de cual sea su acometido.


Pero eso lo dejo para el próximo día.

lunes, 7 de marzo de 2016

UNA FRAGMENTO A OLVIDAR DE MI VIDA. II

   ¿Por qué se titula la serie Un fragmento a olvidar de mi vida y sin embargo hablo de ella, la revivo, la vuelvo a sentir, me recreo en ella y paso un mal rato acordándome de cosas que pasaron hace ya siete u ocho años?
   Es la necesidad de dejar testimonio de mí pasado, que no ha sido sencillo, pero que es el mío, y quizás, hoy no este donde estoy si no hubiera vivido todas las experiencias que sufrí.
   No sólo tengo que contar cómo me fue en el centro de desintoxicación evangelista. Hay cientos de cosas más que me sucedieron. La mayoría son penurias pero haber si normalizarlas puede llegar a ser divertido el revivirlas, como algo que queda lejos, en un pasado indeterminado, en una época de mi vida que me toco sufrir.
   En ningún momento se presumía que un niño con una infancia tan feliz, tuviera que pasar por todo lo que paso. Pero como diría Einstein, Dios juega a los dados, y yo no saque ni cinco ni siete.
   Al entrar te asigna una persona que se llama Sombra y es la que te va enseñando como funciona todo y la que esta por encima de ti en primera instancia, por el hecho de haber llegado al centro antes que tú.
  Como ya conté, una de las primeras actividades que hice fue la de los huevos. Otra que me toco hacer fue tirar a un pozo de husillo toda la leche caducada. Tiramos cincuenta o sesenta litros. Era brutal la capacidad de almacenamiento que tenía el centro. Litros y litro de este liquido blanco y en botella pasados de fecha. Con un olor nauseabundo. No se si sabéis como huele la leche caducada pero desde luego no es un olor agradable.
   La rutina del día era hacer actividades durante todo el día. Eso si esta bien porque si no aquello sería insoportable. Mientras estás distraído en algo, el tiempo va pasando y se hace más llevadero. No hay nada peor que pensar que no tiene nada que hacer. Eso solo es de vagos y maleantes.
   El chico que me toco de sombra, no recuerdo su nombre pero si puedo decir que era de origen latino, al principio se mostraba muy solicito y servicial, gradualmente se fue volviendo en una persona más recta y adoctrinada. Sabía lo que hacia. Tenía que enseñarme las normas, ya se iban apagando las luces de bienvenida y ahora llegaba lo serio. La realidad.
   Lo cierto es que allí había gente de muchas nacionalidades. Más de Europa de Este que de ningún otro lado. Eso e llamo mucho la atención. ¿Por qué una concentración tan grande de gente del Este de Europa? Aún sigo preguntándomelo.
   Las primeras noches, mientras ellos hacían las reuniones evangélicas, me sacaban a pasear con otros internos, con un frío tremendo, pero todavía no estaba preparado para presenciar una de estos adoctrinamientos evangélicos. No pensé en qué pretendieran ocultarme algo pero el hecho de estar tan encima de mí, que cumpliera horarios de sueño y de trabajo y sin embargo, a la hora de la terapia yo no estuviera, me escamó.
   Me hacia dar vueltas en redondo a la finca por donde había luz, porque este sitio se encontraba en medio del campo y la hora de la terapia era de noche, después de cenar.
   Pensé en leer, por distraerme aún más y el único libro que había era la Biblia, cientos de ellas pero todos de la misma edición y con la misma encuadernación, guardados en vitrinas, amasados por la aceptación de Dios en nuestras vidas, páginas que al sumar, lo hacía con la esperanza de encontrar en la siguiente página la solución a la aceptación del problema.
  
  Por hoy ya esta bien, intentaré seguir mañana contando más cosas, espero no ser pesado y aburrido, eso es lo único que me importa. Que este sea el lugar indicado o  quizás este en otro sitio, no lo sé, pero a mi me sirve para desahogarme y espero que a ti lo haga para distraerte un rato.

   

domingo, 6 de marzo de 2016

UNA FRAGMENTO A OLVIDAR DE MI VIDA.

   Lo cierto es que no comprendo todavía cómo empezó todo. No se si era la mala situación que estaba pasando, que sea dicho, era uno de mis peores momentos, pero a lo mejor hubiera habido otro tipo de solución que no fuera un centro de desintoxicación evangelista.
   Lo cierto que a pesar de estar confirmado y todo, tiendo poco a creer en Dios. Sea el que sea, me parece un pensamiento que perjudica a la razón de tal forma que la hace confiar ciegamente en cosas imposibles llegando a pensar que si eres más o menos creyente, serás más o menos recompensado. Una falacia de idea.
   Por circunstancias ajenas a mí. Aquellas personas que velaban por mí integridad creyeron que la mejor forma de recuperarme era este centro evangélico, que entre otras cosas no estaba en Sevilla, sino en Madrid, lugar dónde no conozco a nadie, no conozco la ciudad y como siempre, no tenia un duro.
   De toda la medicación psiquiatrita que llevaba y que por aquellos entonces necesitaba, hoy el tratamiento es diferente, me dejaron tomar solo una pastilla por la noche. A un chaval que estaba dejando la heroína, lo único que le daban eran tilas. Eso se llama pasar el mono a pulso. Cada vez que me acuerdo de este joven chaval se me ponen los pelos de punta. Que inhumanos pueden llegar a ser que hacen que pases un mono de heroína de esta manera. Y se supone que lo saben todo sobre las drogas.
   Pues bien yo entre en Sevilla, con todo lo que tenía en este mundo menos mis libros. Menos mal porque de vuelta en atocha, como llevaba tanta ropa, tuve que deshacerme de todo y quedarme con lo simple y elemental que puede necesitar una persona que cabe en un macuto.
   Pase una noche en Sevilla, a la mañana siguiente me mandaron para Madrid, a mitad del camino y no puedo decir a que altura está eso porque como digo, ni he estado en Madrid ni se como llegar ni por dónde hay que pasar, nos intercambiaron de coche. A un chico que venia de Finisterre e iba para Huelva ya mi que iba para Madrid.
 Yo me dejaba guiar. No sabia muy bien donde me estaba metiendo pero el único pensamiento que tenía era que si las personas que cuidaban de mi lo habían decidido así era porque sería lo mejor, ¿no? ¿Tú que hubieras pensado?

  Fui a un lugar que es famoso por un refrán castellano que quién sabe cuál fue la primera persona que lo dijo y porque, pero sin dar mas pistas diré que estuve “entre Pinto y Valdemoro”
  Al llegar allí, todo te lo pintan muy bonito, hasta que empiezas a profundizar en el sistema. La comida no falta, pero mayormente y en una proporción ingente es reciclada, es decir, lo que los supermercados van a tirar, incluyendo huevos, por poner un ejemplo, es la base de la alimentación.
  Uno de los primeros trabajos que hice fue reciclar huevos. Si el huevo estaba malo se iba al fondo del cubo de agua y si estaba bueno flotaba. Esa técnica tan exacta era la que se empleaba para utilizar los huevos que estuvieran bien. Basta esto para decir que se comía y cuál era la calidad. Y allí estaba yo, que a cada minuto que pasaba menos conforme estaba en complicidad de cómo se hacían las cosas allí.
  Pero no me quedaba otro remedio que tragar. No tenía escapatoria, e incluso, me intentaba convencer a mi mismo de que hasta aquí me habían traído las personas que me querían. Esto no podía ser malo. Simplemente es que yo no estaba acostumbrado a eso. Necesitaba tiempo para adaptarme. El problema era yo y no mi entorno. Yo no iba a llevar la razón. Todo el mundo estaba equivocado excepto mi corazón, el alma de mi vida, y yo, mi persona racional.

   En fin este es el principio de unos relatos que iré escribiendo e, espero que no os aburran.

domingo, 28 de febrero de 2016

pedir disculpas


28 de febrero de 2016

    Ante todo, lo que tengo que hacer es pedir disculpas por no haber publicado nada en más de quince días.
    Es el ritmo de vida que llevo lo que me impide sentarme delante del ordenador y buscar esa historia tan ansiada que me haga vibrar al escribirla y que te agrade a ti al escucharla.
    Esto de la independencia es más complejo de lo que parece y mantener un orden en las tareas y actividades diarias cuesta un esfuerzo en el que no me queda otro remedio que dejar algo atrás y este, quizá, sea el caso del blog.


     Con esto no pretendo disculparme, pero te contaré un pequeño secreto. Entre una cosa y otra llevo cerca de tres días sin escribir nada en mi diario.
     Con mi confesión, lo que quiero recalcar es que mi vida no para de llenarse de actividades y me queda muy poco tiempo libre para dedicárselo a mis ocios.
     El escribir es para mi muy importante y si no lo hago me pesa en la conciencia. Imposiciones que nos marcamos nosotros mismos y que las entendemos por obligaciones, cuando en realidad son naturales en nosotros y debe ir acompañada del disfrute.
    Además, estoy algo bajo de ideas. Como practico tan poco las posibilidades de hacer algo digno merma. No quiero escribir cualquier cosa. Algo de lo que me sienta, por lo menos, satisfecho. Un relato al que le haya dedicado tiempo, que tenga cierto cariz, y que siga el propósito del blog, que no es otro que el de tener un rincón en la red dónde yo pueda desarrollar mi afición por la escritura de forma independiente.
    Así que prometo, en breve continuar la labor y el compromiso en el que un día me embarqué. Pero eso si, necesito adaptarme a mi nueva vida y tener tiempo para todo.
    Creo que no solo a mí, sino a muchos, nos gustaría que el día tuviera 25 horas. Eso no es tal como se desea y las labores diarias no se pueden abandonar. Tenemos que cumplir con nuestras obligaciones y esas están antes que el ocio. Y para mi escribir es algo que hago por placer, no como un compromiso, y si en algún momento no cumplo con las expectativas, lo siento, pero me acabo de mudar a un sitio nuevo, he empezado el cuatrimestre, y un sin fin de cosas más que no voy a enumerar pero que entran dentro de las actividades diaria que me veo obligado a realizar.
    Con todo esto, me comprometo a seguir trabajando. Una vez que me organice bien todo volverá a su cauce. Hay etapas que por mucho que queramos tenemos que rendirnos ante los acontecimientos y este es el caso.
    

    

lunes, 15 de febrero de 2016

15 de febrero de 2016 

   Fuiste el tercero de la familia. Jamás se acostumbra uno a ello, pero ya nos había pasado dos veces, en las que tú lloraste, igual que nosotros te lloramos a ti. Hoy hace tres años y aún tú recuerdo esta tan presente en los tuyos como lo está el de los dos que te precedieron.
   Somos un árbol y cuando una rama se parte es como si se partiera el árbol entero.
   Algunas llevan en su piel tu recuerdo.
   Otros, de alguna manera, lo llevan dentro como una forma de aceptar lo inevitable.
   Tu sonrisa y el sonido de tu risa serán inolvidables.
    Desde muy joven la vida no te lo puso fácil. También tuviste que llorar apenas siendo un hombre.
    De tu hermana, solo salían palabras de elogio. ¡Ya quisiera yo haberme comportado como tu! Pero no lo dudes, haz dejado en esta tierra sangre buena.   Linaje que brilla por su nobleza de carácter. Personas sencillas que solo quieren vivir. Lejos de rencores y envidias y cerca del amor. De la pasión a los nuevos brotes.   De los que son felices amando a los que tiene más cerca y comparten con ellos una vida.
   El pasado solo sirve para dejarnos huellas imborrables. Eres sin duda una de ellas.
   Los duelos son interiores, pero si expresamos, de alguna manera como nos sentimos y cuanto te envidiamos por lo hechos que llevaste a cabo, no dejas de ser una referencia, de la que hay que hablar en público. Para que no caigas en el olvido.

   Lo realmente triste es pasar sin dejar huella, y en mi Alma está tu ausencia.

viernes, 5 de febrero de 2016

recuerdos de mi tia queque


    No me gusta quejarme pero si necesito desahogarme y por eso intento escribir estas líneas.
    No soporto muchas cosas, como por ejemplo que no se tire de la cisterna del water, o llamar a alguien por teléfono y que no te cojan la llamada. Tampoco me gusta hablar mucho por teléfono si la persona con quien lo hago no es de mi agrado. Pequeñas manía que despiertan en mí un resquicio de rabia que canalizo bien pero que en los momentos que las sufro no me sientan nada apropiadas.
   Otra de las cosas que me encorajan es la costumbre que se está perdiendo de cruzarte todos los días con la misma persona y no dirigirte ni los buenos días. Pero en fin, son manías superables.
   Todo esto a que viene, a lo siguiente: hay una mujer que le gusta pasear a su perro por la mañana. Me cruzo con ella casi todos los días. Es una mujer de unos cuarenta y cinco años y es atractiva. Tiene una figura estilizada y el pelo cortado a media melena.    Pero a pesar de ser guapa y pasear a su perro, que eso demuestra que tiene sensibilidad, no nos damos los buenos días y, no es que seamos conocidos. No sé nada de ella ni me interesa. Es educación. Y como decía mi tía Queque (diminutivo que viene de Mercedes) se esta perdiendo el civismo y cada vez, a pesar de vivir en piso de 60 o 90 metros y estar tan juntos como sardinas en lata, somos para nuestros vecino auténticos desconocido.
   Mi tía Queque trabajo en la Base Militar DE Morón hace ya muchos años. Era limpiadora.    Tenia contacto con los americanos y el primer cigarrillo que fume fue uno americano, porque ella fumaba y yo se lo hurté.
A mi tía le gustaban mucho las muñecas americanas y tenía toda la casa llena de ellas. Algunas eran Nancy, muñecas con las que jugaba mi hermana.
   Nos traía muchas chocolatinas. Creo que ha sido en la época que más chocolatinas he comido. Estaban deliciosas. Tenia un gusto a chocolate que no he conseguido encontrar en ninguna otra marca de chocolatina, y mira que las he buscado por todos los supermercados de dónde vivo y de dónde he ido de viaje por esta mi Andalucía.
Soy andaluz, nací en Sevilla y mis padres, cuando se casaron, se fueron a vivir a Nueva Sevilla, un lugar perdido del mapa de España que está entre Castilleja de la Cuesta y Bormujos.
   La zona ha cambiado ahora mucho. Ya es para mi casi irreconocible el paisaje urbano que se han construido en los campos que antes daban pipas de girasol. Pero siento un cariño especial por este lugar.
   Soy andaluz, como he dicho ante, pero apenas conozco a esta tan grande Andalucía. Roquetas de Mar que esta en el extremo Oriental de mi tierra me suena tan lejano como Eibar, que esta en el País Vasco.
Una de las carencias que tengo en mi vida son los viajes. Descubrir paisajes tiene que ser algo maravilloso, pero mi economía no me lo permite y no puedo pasear por los parajes de esta antiquísima tierra.
    En fin, soy un viajero frustrado, pero por ello uso mucho mi imaginación, y cuando hablan de Ronda, me la imagino sobre montañas que tienen grandes acantilados a sus pies. O cuando hablan de Marbella, veo una ciudad de lujo llena de barcos en su puerto, barcos particulares, deportivos, que sus dueños son los más ricos jeques árabes.
Con mi ciudad me pasa lo mismo pero esto me da mucho más coraje. No la conozco lo suficiente como para hacer de cicerón a alguien que venga de fuera. Me limitaría a enseñarle los Alcázares, en los que he estado varias veces, y la Catedral que empezó siendo Gótica y acabo con estilo. Renacentista
    Pero no voy a decir aquí todo lo torpe o malo que soy. También tengo cosas positivas. Por ejemplo, me encanta disfrutar de una charla tomando un café y hablar de libros, películas o series de los años 80. Eso fue lo que hice este sábado con mis amigos Jesús y Javier. También me agrada mucho escribir. Es una de mis mayores aficiones. Escribo, prácticamente, cuando tengo un rato libre. Dicen que Antonio Machado, en una de sus frases celebres, dijo que aquel hombre que habla consigo mismo espera hablar con Dios en algún momento. Yo de la segunda parte de la frase no espero nada. Soy agnóstico. Para mi hablar conmigo mismo es escribir pues ahí dónde no encuentro censuras y mis pensamientos divagan por lugares libres.
   De los grandes pensadores españoles se puede aprender mucho, y en este país que se llama España, además de tener político ladrones, tenemos también grandes pensadores.
Pero esto son ya divagaciones que comprometen cambiar el rumbo del relato.
Mi tía Queque tenía el pelo blanco a pesar de ser joven. Yo también lo tengo y mi padre era otro que lo tenía. En mi familia las canas son algo de herencia. No nos dejamos dinero porque somos pobre de necesidad pero nuestra dinastía se pierde en el tiempo de los hombres y las mujeres de pelo canoso. También nos hemos dejado el gusto por la Literatura. Yo ahora estoy tomando unas pastillas futísimas para la alergia y me quedo dormido mientras leo. Se me juntan todas las líneas y creo que hasta me pongo algo bizco.    Pero ya llegaran tiempos mejores. El miércoles dejo de tomarlas y, otra vez, podré dedicarle a mi gusto el placer de la lectura.
Recuerdo perfectamente cuando mi tía Queque llegaba de la base y empezaba a subir la cuesta donde tenía la casa en Morón. Era tan empinada como una escalera mecánica de un centro comercial. Ella doblaba un poco la espalda para coger más fuerzas en las piernas. Cuando llegaba arriba, ya casi sin aliento, nos daba un abrazo a mi hermana y a mí y un beso de achuchón.
Hoy he conocido a una chica estupenda. Es frutera y trabaja todos los días de la semana. Incluso los domingos. Es morena. Con el pelo rizado y un desparpajo que evidencia que es una persona con mucha seguridad en si misma. Es guapa y ella lo sabe. Para mi, tomarme un café con ella seria como jugar la Champion League. Pero tengo suficiente con comprar allí para comer sano y además imbuirme de su derroche de simpatía.


viernes, 22 de enero de 2016

   Ariane era una mujer joven y vigorosa. Ella sola llevaba adelante la casa y el taller de costura. Sus hijas mayores le ayudaban en lo que podían, todo no tenía que recaer sobre las espaldas de Ariane. Ella se apoyaba mucho en la alegre Fátima, que siempre tenia una sonrisa en el rostro y un comentario jocoso que daba gusto conversar con ella. La familia tampoco podía pasar sin la ayuda de la vigorosa Noelia. Ruda como una piedra, fuerte como un hombre y algo menos alegre que la encantadora Fátima, pero siempre de buen carácter. Así que las tres hacían acopio y entre todas llevaban la familia. Mientras la madre se ocupaba de confeccionar pantalones y camisas, Fátima cuidaba del pequeño Alexander y Noelia era la que guisaba para que no faltase un plato que comer en la mesa. El pequeño Alexander había caído como del cielo. Era el retoño de la casa y ya tenía cinco añitos. Era muy travieso y le encantaban los animales, así que se pasaba el día entre las cabras y las gallinas. Recogiendo huevos y acariciando a los pequeños cabritos, suaves y traviesos como él.
   Hacia poco se había mudado un joven médico  a la casa que estaba cerca del cementerio. Pasaba las tardes charlando con el marido de Ariane. A este le encantaba escuchar al sanador porque siempre le contaba historias de los libros que se estaba leyendo y eso entretenía mucho al patriarca. El a cambio le explicaba como eran las gentes que vivían por allí y quién era persona de fiar y quién no, quién se pasaba los domingos en la taberna y quién montaba acaballo por el placer de disfrutar de un buen paseo. Eran complementarios. El uno y el otro habían congeniado desde un principio y se tenían mucho respeto. El joven medico, muchas noches se quedaba a cenar. Era guapo. De facciones agraciadas. Rubio como el Sol. Con los dientes brillantes y unos ojos verdes que a Fátima y a Noelia envolvían en locas imaginaciones de amor. A las dos muchachas las ruborizaba cuando se dirigía a ellas en una conversación que buscase la aprobación  o la negación de estas. El joven se daba cuenta de ello y procuraba no abusar de sus ruegos, se sentía incómodo cuando las dos muchachas se ponían coloradas por su mirada, aunque eso le levantaba el ego  y le hacía sentir un poco de placer. Era un excelente médico.       Había cursado en la Sorbona de París y ahora ejercía de médico rural. El médico que compartía con el la comarca era un señor mayor que ya estaba a punto de jubilarse y los trayectos en coche, cuando visitaba a los enfermos, se le hacían pesados. También cenaba algunas noches con ellos el hijo del tabernero, sobre todo los fines de semana. Hombre rudo y fuerte, de corpulencia extrema y de entendimiento algo lento pero de un corazón indomable y una nobleza sin parangón.
   Cuando el médico se ponía ha hablar de su época de estudiante, de cuentos y anécdotas de París, Thomas que era así como se llamaba el hijo del tabernero, no le quitaba ojo de encima a Noelia y se quedaba extasiado observando a la ruda muchacha. Esta parecía no darse cuenta mientras dejaba bagar su imaginación por las calles y locales de París  que describía el apuesto medico, porque dotes de buen narrador tenía el joven. En realidad, todos quedaban impresionados por los personajes o decorados de la historias.  Gente que tenía que vivir en pensiones con mujeres de educación liberal. Bebedores de litros de whisky. Señoritas que tenían que dedicarse a vivir en casa de  Marqueses,  Condes y Duque porque pertenecían al servicio domestico con todo el servicio vigilado por un ama de llaves para que no faltase ni una cuchara de plata. Las historias les embelesaban, había caído en el pueblo un buen narrador. No sabemos si el joven medico tenia intereses en dedicarse a la literatura, cosa que no habría echo mal.
   Pero la historia que más impacto a todos y la que acaparó hasta la atención de Thomas  fue la de chicos jóvenes y de buena figura, finos como los tallos de junco que crecían en la ribera junto al cementerio y que se hacían pasar por chicas con la intención de esta con un hombre y cobrar por ello.
-Yo no lo entiendo- dijo Thomas.
-Eso no puede ser cierto- dijo el padre de familia
Las dos jóvenes callaron intentando comprender la magnitud de la historia que acababa de contar el joven médico.
-¡Chico que se disfrazaban de chicas!
Las dos hermanas estaban atónitas. ¿Cómo era posible que eso se le ocurriese a algunos chicos? Fue la pregunta de Noelia. Jóvenes que se dedicaban al libertinaje, contexto el joven doctor.
-Pues a mi me parece una estupidez- dijo el fortachón de Thomas. Mejor es estar con una chica guapa a que sea un chico. Todos rieron.
-Pues a mi me gustaría verlos-dijo Ariane- seguro que están guapísimos con sus fulas de plumas y sus enaguas de volantes.
-A ti te vamos a hacer uno- dijo Fátima-.
- si de las hechuras de Noelia- contexto este y todos volvieron a reír.
-Harían falta tres trajes de Noelia para vestirte a ti, grandullón.-
Y todos empezaron a reír de nuevo al ver lo colorado que se ponía Thomas.
-Pues algún día tenemos que ir a París – dijo Fátima- -
Y yo os serviré de estupendo guía- contexto el doctor

   


El padre de las chichillas se había quedado igual de dormido que el pequeño Alexander escuchando las historias de joven doctor.