Jueves, 21 de abril de 2016
La
consciencia moral es una virtud o un defecto del hombre que le hace obrar de
una manera u otra según dependiendo le dicte esta. Son las pautas y las formas
en que nos movemos las que nos definen como personas y mientras tengamos
consciencia moral nuestra escala de valores dependerá de cuales sean las cosas
a las que más importancia le demos. A no ser que seamos unos descerebrados,
nuestra forma de comportarnos esta más
acorde con el Bien que con el Mal.
El
problema de tener consciencia moral es que tenemos que responder ante nosotros
mismos, sin ningún juez o intermediario que nos evalúe. Somos nosotros los que
nos damos la absolución o la condena. Y puede que el más dañino de los jueces,
el más exigente de los jurados, seamos nosotros mismos.

Pero si es
cierto que en lugar de aceptar y asimilar que puede que hayamos cometido un acto
malévolo, es más fácil dejar caer la responsabilidad sobre el comportamiento de
otros o sobre obligaciones a las que nos vimos sometido cuando en realidad
erramos porque fuimos nosotros lo que cometimos el acto. Es el libre albedrío.
Cuando me
siento culpable por algo o cuando mi sueño se ve interrumpido porque no puedo
quitarme algo de la cabeza, esa es la señal para hacerse ver a uno mismo que no
actúo de la manera más correcta y que el perdón no es suficiente. Hay que
reparar daños. Cosas que sustituyan el mal acto. Por poner un ejemplo burdo
pero fácil de comprender. Si le di un cachete a un niño sin merecérselo, le doy
a otro una golosina sin que me la pida.
Las cosas
no son tan sencillas y puede que el
ejemplo no sirva, pero un profesor de Filosofía me enseño que si los
ejemplos no sirven, pues se tiran a la papelera.
Pero
volviendo a lo que nos atañe. Una cosa es el sentimiento de culpa, que ese es
cristiano y se han dedicado a inculcárnoslo desde muy pequeñitos, y otra es
obras con mala consciencia. Digamos que uno pertenece a una doctrina y otro es
intrínseco en el ser. A mi el que me preocupa es el que es propio de la
naturaleza humana. Yo procuro obrar siempre de la manera más correcta, aunque
haya veces que no lo consiga, pero procuro subsanar errores. Ya os he dicho lo
que tengo en mi tablón. Se de sobra que me voy a equivocar y que tendré que
perdonarme, pero eso no me exime que mis obras estén encaminadas hacia el Bien.