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lunes, 7 de marzo de 2016

UNA FRAGMENTO A OLVIDAR DE MI VIDA. II

   ¿Por qué se titula la serie Un fragmento a olvidar de mi vida y sin embargo hablo de ella, la revivo, la vuelvo a sentir, me recreo en ella y paso un mal rato acordándome de cosas que pasaron hace ya siete u ocho años?
   Es la necesidad de dejar testimonio de mí pasado, que no ha sido sencillo, pero que es el mío, y quizás, hoy no este donde estoy si no hubiera vivido todas las experiencias que sufrí.
   No sólo tengo que contar cómo me fue en el centro de desintoxicación evangelista. Hay cientos de cosas más que me sucedieron. La mayoría son penurias pero haber si normalizarlas puede llegar a ser divertido el revivirlas, como algo que queda lejos, en un pasado indeterminado, en una época de mi vida que me toco sufrir.
   En ningún momento se presumía que un niño con una infancia tan feliz, tuviera que pasar por todo lo que paso. Pero como diría Einstein, Dios juega a los dados, y yo no saque ni cinco ni siete.
   Al entrar te asigna una persona que se llama Sombra y es la que te va enseñando como funciona todo y la que esta por encima de ti en primera instancia, por el hecho de haber llegado al centro antes que tú.
  Como ya conté, una de las primeras actividades que hice fue la de los huevos. Otra que me toco hacer fue tirar a un pozo de husillo toda la leche caducada. Tiramos cincuenta o sesenta litros. Era brutal la capacidad de almacenamiento que tenía el centro. Litros y litro de este liquido blanco y en botella pasados de fecha. Con un olor nauseabundo. No se si sabéis como huele la leche caducada pero desde luego no es un olor agradable.
   La rutina del día era hacer actividades durante todo el día. Eso si esta bien porque si no aquello sería insoportable. Mientras estás distraído en algo, el tiempo va pasando y se hace más llevadero. No hay nada peor que pensar que no tiene nada que hacer. Eso solo es de vagos y maleantes.
   El chico que me toco de sombra, no recuerdo su nombre pero si puedo decir que era de origen latino, al principio se mostraba muy solicito y servicial, gradualmente se fue volviendo en una persona más recta y adoctrinada. Sabía lo que hacia. Tenía que enseñarme las normas, ya se iban apagando las luces de bienvenida y ahora llegaba lo serio. La realidad.
   Lo cierto es que allí había gente de muchas nacionalidades. Más de Europa de Este que de ningún otro lado. Eso e llamo mucho la atención. ¿Por qué una concentración tan grande de gente del Este de Europa? Aún sigo preguntándomelo.
   Las primeras noches, mientras ellos hacían las reuniones evangélicas, me sacaban a pasear con otros internos, con un frío tremendo, pero todavía no estaba preparado para presenciar una de estos adoctrinamientos evangélicos. No pensé en qué pretendieran ocultarme algo pero el hecho de estar tan encima de mí, que cumpliera horarios de sueño y de trabajo y sin embargo, a la hora de la terapia yo no estuviera, me escamó.
   Me hacia dar vueltas en redondo a la finca por donde había luz, porque este sitio se encontraba en medio del campo y la hora de la terapia era de noche, después de cenar.
   Pensé en leer, por distraerme aún más y el único libro que había era la Biblia, cientos de ellas pero todos de la misma edición y con la misma encuadernación, guardados en vitrinas, amasados por la aceptación de Dios en nuestras vidas, páginas que al sumar, lo hacía con la esperanza de encontrar en la siguiente página la solución a la aceptación del problema.
  
  Por hoy ya esta bien, intentaré seguir mañana contando más cosas, espero no ser pesado y aburrido, eso es lo único que me importa. Que este sea el lugar indicado o  quizás este en otro sitio, no lo sé, pero a mi me sirve para desahogarme y espero que a ti lo haga para distraerte un rato.

   

6 comentarios:

  1. Lo bueno de recordar nuestro pasado es que nos ayuda, teóricamente, a no volver a cometer los mismo errores. Por desgracia somos el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. ¿Por cuál de las dos opciones nos decidimos, saltar la piedra o tropezar con ella? De nosotros depende. Un abrazo Pedro. ¡CUÍDATE!

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    1. Con esos mimbres y ese estilo yo no dudaría en dirigirme a una editorial, creo firmemente que el responsable no dudará en publicarte. Un abrazo, Pedro, sigue.

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    2. Gracias por el apoyo que me brindáis desde la URA. Mis inicios están hay, y es allí dónde empezó a cambiarme la vida, entre otras cosas por los compañeros y por los grandísimos profesionales que allí hace su labor día tras día.

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    3. Gracias Luís por continuar siendo mi amigo. Tus palabras son excelsas y tus consejo alentador. ojalá me pudiera rodear de más gente como tú, porque para mi eres único.

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    4. Gracias Luís por continuar siendo mi amigo. Tus palabras son excelsas y tus consejo alentador. ojalá me pudiera rodear de más gente como tú, porque para mi eres único.

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