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domingo, 6 de marzo de 2016

UNA FRAGMENTO A OLVIDAR DE MI VIDA.

   Lo cierto es que no comprendo todavía cómo empezó todo. No se si era la mala situación que estaba pasando, que sea dicho, era uno de mis peores momentos, pero a lo mejor hubiera habido otro tipo de solución que no fuera un centro de desintoxicación evangelista.
   Lo cierto que a pesar de estar confirmado y todo, tiendo poco a creer en Dios. Sea el que sea, me parece un pensamiento que perjudica a la razón de tal forma que la hace confiar ciegamente en cosas imposibles llegando a pensar que si eres más o menos creyente, serás más o menos recompensado. Una falacia de idea.
   Por circunstancias ajenas a mí. Aquellas personas que velaban por mí integridad creyeron que la mejor forma de recuperarme era este centro evangélico, que entre otras cosas no estaba en Sevilla, sino en Madrid, lugar dónde no conozco a nadie, no conozco la ciudad y como siempre, no tenia un duro.
   De toda la medicación psiquiatrita que llevaba y que por aquellos entonces necesitaba, hoy el tratamiento es diferente, me dejaron tomar solo una pastilla por la noche. A un chaval que estaba dejando la heroína, lo único que le daban eran tilas. Eso se llama pasar el mono a pulso. Cada vez que me acuerdo de este joven chaval se me ponen los pelos de punta. Que inhumanos pueden llegar a ser que hacen que pases un mono de heroína de esta manera. Y se supone que lo saben todo sobre las drogas.
   Pues bien yo entre en Sevilla, con todo lo que tenía en este mundo menos mis libros. Menos mal porque de vuelta en atocha, como llevaba tanta ropa, tuve que deshacerme de todo y quedarme con lo simple y elemental que puede necesitar una persona que cabe en un macuto.
   Pase una noche en Sevilla, a la mañana siguiente me mandaron para Madrid, a mitad del camino y no puedo decir a que altura está eso porque como digo, ni he estado en Madrid ni se como llegar ni por dónde hay que pasar, nos intercambiaron de coche. A un chico que venia de Finisterre e iba para Huelva ya mi que iba para Madrid.
 Yo me dejaba guiar. No sabia muy bien donde me estaba metiendo pero el único pensamiento que tenía era que si las personas que cuidaban de mi lo habían decidido así era porque sería lo mejor, ¿no? ¿Tú que hubieras pensado?

  Fui a un lugar que es famoso por un refrán castellano que quién sabe cuál fue la primera persona que lo dijo y porque, pero sin dar mas pistas diré que estuve “entre Pinto y Valdemoro”
  Al llegar allí, todo te lo pintan muy bonito, hasta que empiezas a profundizar en el sistema. La comida no falta, pero mayormente y en una proporción ingente es reciclada, es decir, lo que los supermercados van a tirar, incluyendo huevos, por poner un ejemplo, es la base de la alimentación.
  Uno de los primeros trabajos que hice fue reciclar huevos. Si el huevo estaba malo se iba al fondo del cubo de agua y si estaba bueno flotaba. Esa técnica tan exacta era la que se empleaba para utilizar los huevos que estuvieran bien. Basta esto para decir que se comía y cuál era la calidad. Y allí estaba yo, que a cada minuto que pasaba menos conforme estaba en complicidad de cómo se hacían las cosas allí.
  Pero no me quedaba otro remedio que tragar. No tenía escapatoria, e incluso, me intentaba convencer a mi mismo de que hasta aquí me habían traído las personas que me querían. Esto no podía ser malo. Simplemente es que yo no estaba acostumbrado a eso. Necesitaba tiempo para adaptarme. El problema era yo y no mi entorno. Yo no iba a llevar la razón. Todo el mundo estaba equivocado excepto mi corazón, el alma de mi vida, y yo, mi persona racional.

   En fin este es el principio de unos relatos que iré escribiendo e, espero que no os aburran.

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